viernes, 14 de mayo de 2010

MONSEÑOR ROMERO VIVE EN LA CONMEMORACION DE SU 30 ANIVERSARIO

A 30 años de su asesinato. Monseñor Romero ha dejado una impronta en el país, en el pueblo salvadoreño. Él hizo posible que la teología de la liberación fuese praxis liberadora en un país en el que el imperio norteamericanos hizo y hace lo que se le antoja.

Desde hace ya 30 años quienes sentimos su muerte, echamos en falta - y le recordamos - no por su martirio si no por su compromiso con los más pobres del país, y teniendo en cuenta su práctica liberadora es que podemos realmente hablar y vivir a Romero.

Él supo combinar teoría y práctica teológica en la realidad salvadoreña. Hablar de Romero es señalar a los culpables de sus asesinato, recordar a Monseñor supone seguir creyendo que sólo con la organización social y política es posible cambios radicales en el estado salvadoreño. Monseñor Romero fue el primero, desde la iglesia en El Salvador, señalar las verdaderas causas de la miseria y la pobreza en el país.

Hablar de la realidad salvadoreña en el 30 aniversario de su muerte es hacer una presencia actual de sus denuncias. “de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre” esto fue lo que les dijo a los dirigentes de la democracia cristiana que haciendo uso de un golpe de estado llegaron al poder. Al principio pidió “prudencia”, pidió confianza…, pero al cabo de poco tiempo se dio cuenta que la realidad, le estaba demostrando que el imperio, la burguesía y sus militares se ensañaban, reprimiendo a las organización populares, en vez de calma el pueblo tuvo más represión. Es más, fue en el corto periodo del gobierno de la democracia cristiana cuando más se reprimió al pueblo.

En este 30 aniversario además de recordar y rememorar su nombre y su práctica revolucionaria de la mano de la teología de la liberación es necesario reflexionar qué se está haciendo ahora en El Salvador, y si las cosas van mal, se tendrá que revisar otra vez la historia y aprender como lo hizo Romero el día que decidió defender y luchar por la clase obrera, campesina y por los millones de pobres que habían y hay en el país en la actualidad.